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Tres días después de la traqueotomía, el Papa apareció por sorpresa desde la ventana del Hospital Agostino Gemelli de Roma.
Roma, Italia, domingo, 27 febrero 2005.- A pesar de estar enfermo, con una traqueotomía y muy débil, Juan Pablo II, de casi 85 años, no quiso faltar a la cita del Angelus y, aunque no pudo dirigir el rezo, hizo un gran esfuerzo y se asomó a la ventana de su habitación del hospital Gemelli para impartir la bendición.
No estaba prevista esa aparición, que pilló por sorpresa a las miles de personas reunidas en el Policlínico romano y en la plaza de San Pedro del Vaticano, donde el "número tres" de la Santa Sede, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, acababa de leer en su nombre el texto previsto para este ángelus, el primero en los 26 años de Pontificado que no rezaba el Papa. Pocos minutos después del mediodía y nada más concluir Sandri de bendecir en nombre del Papa, las cortinas del apartamento que ocupa el Papa en la décima planta del "Gemelli" comenzaron a abrirse, apareciendo el Pontífice detrás de los cristales, sentado en un sillón que empujaba su secretario Mieczyslaw Mokrzycki. A su lado estaba el cardenal secretario de estado, Angelo Sodono, y su secretario de toda la vida, el arzobispo Estanislao Dziswiz. La aparición tras los cristales duró un minuto escaso y se le vio como se tocaba la garganta. Juan Pablo II presentaba aspecto muy débil y los gestos de su cara reflejaban sufrimiento. Sacando fuerzas de flaqueza impartió la bendición. Inmediatamente después volvieron a echarse las cortinas. Muchos de los fieles presentes en el Gemelli rompieron a llorar emocionados, mientras numerosos jóvenes, entre ellos un centenar de españoles miembros del grupo "San Miguel", le cantaron canciones, entonaron los clásicos "Juan Pablo II te quiere todo el mundo" y le animaron a "no ceder". La aparición del Papa, según los médicos, es la muestra de que se recupera satisfactoriamente, aunque la precaución es imprescindible, de ahí que se asomara tras los cristales de la ventana. Uno de los médicos, Rodolfo Proietti, dijo tras la aparición que "mejor así...", evitando añadir más. La discreción de los médicos es total y durante estos días de hospitalización no se ha filtrado ninguna información sobre la salud del Pontífice. Toda la información oficial la canaliza el Vaticano, cuyo portavoz, Joaquín Navarro Valls, es el encargado de hacer públicos los partes médicos. El Papa había ordenado que hoy rezara el Angelus en su nombre el arzobispo Sandri, de 62 años, que leyera el texto y que impartiera la bendición. El Vaticano -ante la importancia de este hecho, ya que es la primera vez desde 1978, cuando fue elegido Pontífice, que no lo hace- organizó el rezo en el atrio de la plaza de San Pedro, donde en las pantallas gigantes de televisión se vio una imagen de Juan Pablo II bendiciendo. "Queridos hermanos y hermanas de nuevo me dirijo a ustedes desde el Gemelli. Os agradezco con afecto y os siento a todos cercanos. Pienso en los que estáis reunidos en la plaza de San Pedro y a los que desde todos las partes del mundo se interesan por mí. Os pido que sigáis rezando por mí", escribió el Papa en el texto leído por Sandri. El Obispo de Roma agregó que este tiempo de Cuaresma ayuda a comprender mejor el valor del sufrimiento, "que en un modo u otro nos llega a todos". Karol Wojtyla, que padece parkinson, artrosis, no puede caminar y ha sido sometido a una traqueotomía para poder superar la nueva crisis respiratoria aguda, agregó en su texto que cualquier forma de dolor humano encierra en sí misma una promesa divina de salvación y de alegría. "Quisiera que este mensaje de consuelo y de esperanza llegue a todos, especialmente a quienes atraviesa momentos difíciles, a quien sufre en cuerpo y en espíritu", afirmó el Pontífice. El Papa concluyó reiterando su entrega a la Virgen y subrayando su lema de Pontificado "Totus Tuus", "sigo siendo todo tuyo". Esta es la segunda vez, desde que fue sometido a la traqueotomía en la noche del pasado jueves, que recuerda que sigue siendo Totus Tuus y en ambientes vaticanos estas palabras son consideradas como la confirmación de que su entrega al Papado es total y que está dispuesto a continuar al frente de la Iglesia hasta el final de sus días. |