El Papa bendijo al mundo en silencio Imprimir E-Mail
escrito por Catolico Digital   
domingo, 27 de marzo de 2005
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Dramático momento se vivió en Roma cuando el Santo Padre no pudo hablar para impartir la bendición Urbit et Orbi, tampoco los saludos pascuales en diferentes idiomas.

Ciudad del Vaticano, 27 de Marzo de 2005.- El Papa Juan Pablo II reapareció en la ventana de su apartamento que da a la plaza de San Pedro del Vaticano para impartir la bendición "Urbi et Orbi" y aunque hizo un gran esfuerzo no pudo pronunciar palabra alguna.

El papa se limitó a bendecir con la mano derecha, sin poder pronunciar palabra alguna, debido a sus problemas para hablar tras la traqueotomía que le fue practicada el 24 de febrero.

El Obispo de Roma permaneció en la ventana de su habitación una decena de minutos, desafiando el viento reinante en la desapacible mañana romana.

Siguió la lectura de su Mensaje Pascual, que leyó en su nombre el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, en un folio que le entregó su secretario particular y al final intentó hablar.

Sólo pudo emitir un sonido, que no se le entendió y aunque lo intentó de nuevo, tuvo que renunciar a hablar y a bendecir en silencio.

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El tremendo esfuerzo del Papa fue correspondido por los aplausos de las decenas de miles de peregrinos que llenaban la plaza de San Pedro del Vaticano, y que en muchos casos no pudieron contener las lágrimas.

Con gestos sinceros, el obispo de Roma,  pidió perdón en varias ocasiones por no poder pronunciar su saludo tan esperado y, sin esconder su tristeza, bendijo en varias ocasiones con la mano derecha.

El pontífice se asomó durante un casi un cuarto de hora, exponiéndose abiertamente al viento que azotaba el palacio apostólico en una mañana de inicios de primavera con el cielo cubierto.

«Paz para la tierra consagrada por tu sangre y empapada con la sangre de tantas víctimas inocentes --exclamaba el texto--; paz para los Países de Oriente Medio y África, donde también se sigue derramando mucha sangre; paz para toda la humanidad, sobre la cual se cierne siempre el peligro de guerras fratricidas».

«Danos también a nosotros la fuerza de una solidaridad generosa con las multitudes que, aun hoy, sufren y mueren de miseria y de hambre, diezmadas por epidemias mortíferas o arruinadas por enormes catástrofes naturales», pidió el Papa en su mensaje a Jesús.

«Haz que el progreso material de los pueblos nunca oscurezca los valores espirituales que son el alma de su civilización», leyó el Cardenal Sodano en nombre del Papa.

En la misa de clausura de los ritos de la Semana Sana, Juan Pablo II fue sustituido por el cardenal Sodano, que presidió desde el atrio de la basílica vaticana, convertido en un auténtico jardín de flores amarillas y blancas, regalo al Papa de floricultores holandeses.

En las celebraciones de los días precedentes, el Santo Padre había sido sustituido por diferentes cardenales y sólo pudo aparecer en televisión (sin que se le viera el rostro) para participar desde su capilla privada en el Vía Crucis de la noche del Viernes Santo que se celebró en el Coliseo.

Ha sido la primera vez en sus más de 26 años de pontificado que el Papa no ha podido dirigir en decenas de idiomas (en torno a los sesenta) su felicitación por las Pascuas de Resurrección.

 

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