El peregrino que cambió al mundo Imprimir E-Mail

Como sucesor de Pedro, Karol Wojtyla ha hecho algo más que difundir su visión de la doctrina católica: con su activismo religioso, social  y político ha sido factor de cambios trascendentales en la historia del siglo XX.

 

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Figura emblemática de los mil millones de católicos en el mundo, Juan Pablo II se ha ubicado como una de las figuras políticas más importantes y trascendentes del siglo XX. La defensa de la vida, el matrimonio, la familia y los valores morales son el fundamento de su papado.

Su incansable misión pastoral lo convirtió en un líder carismático que trasmite su mensaje de paz, reconciliación y solidaridad con los pobres, en un entorno de tensión internacional por conflictos bélicos, hambruna y un capitalismo salvaje que ahonda las diferencias entre ricos y pobres.

Este Papa de origen polaco es protagonista de la historia moderna por haber sido factor fundamental en la caída del régimen comunista en Europa del Este, reconocer los grandes errores de la Iglesia católica en la historia, buscar un acercamiento con otras grandes religiones, como el judaísmo e islamismo, y redimensionar el catolicismo en el mundo, sobre todo en Latinoamérica y África.

El pontificado de Karol Wojtyla, es el tercero de los más largos en la historia (sólo superado por beato Pío IX, con 31 años y siete meses), no ha estado exento de crisis, conflictos y críticas aun al interior del propio catolicismo.

En su peregrinar Juan Pablo II ha hecho algo más que difundir su visión de la doctrina católica: su activismo religioso, social y político ha sido factor de cambios históricos trascendentales en las relaciones del mundo actual y lo convierten en uno de los sucesores de Pedro de mayor influencia e importancia universal.

Misión pastoral

Su pontificado se ha caracterizado por los contrastes surgidos a lo largo de un cuarto de siglo. La Iglesia católica no había tenido un Papa con un perfil tan alto, y ello como resultado de una incansable labor evangelizadora que lo ha convertido en uno de los personajes más conocidos del mundo, con liderazgo internacional.

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Al asumir como Pontífice el 22 de octubre de 1978, Juan Pablo II se encontró con una Iglesia dividida y con el embate de otras religiones que aprovecharon el debilitamiento del catolicismo para ganar adeptos. Una de sus primeras medidas fue centralizar en el Vaticano la toma de decisiones para asegurar que las iglesias locales siguieran los lineamientos de Roma.

De inmediato inicia su labor pastoral alrededor del mundo hasta convertirse en el que más viajes ha realizado, con el propósito de reforzar a una Iglesia en crisis y cada vez más dividida. En defensa de los valores católicos ha promovido a lo largo de los años el apoyo efectivo a la familia como condición indispensable para superar la fragmentación social que afecta a las sociedades contemporáneas.

“La familia requiere hoy una atención privilegiada y medidas que favorezcan y garanticen su constitución, desarrollo y estabilidad, pues no hay que olvidar que ayudando a la familia se contribuye a solucionar otros problemas”. Ha destacado el papel de esa institución en la sociedad, así como la necesidad de que el núcleo familiar sea protegido de “las amenazas disgregadoras de la cultura individualista”.

También el matrimonio es una preocupación constante del Papa, pues advierte que son numerosos los peligros que lo acechan, sobre todo en el terreno moral ante los falsos conceptos de libertad y la verdad sobre la naturaleza humana. Define el matrimonio como “la unión estable y fiel de un hombre y de una mujer, ligados entre sí por un vínculo públicamente manifestado y reconocido”.

Para el Sumo Pontífice la falta de valores morales abre las puertas a la infidelidad y a la disolución del matrimonio. Y desde su perspectiva, las leyes civiles que favorecen el divorcio y amenazan la vida al introducir de manera oficial el aborto, así como las campañas de control de natalidad que llevan a la esterilización de miles de mujeres y propagan el uso de anticonceptivos, tienen consecuencias dramáticas.

Desde su defensa de la vida Juan Pablo II califica la eutanasia (muerte asistida) como una avanzada de la “cultura de la muerte” y de escasa valoración de la dignidad humana, por lo que la Iglesia católica rechaza esas prácticas y está a favor de la muerte natural.


Catolicismo

Con las armas que le representan su ideario de la defensa de los valores católicos y el dominio de más de seis idiomas, enfrentó desde el comienzo de su pontificado la realidad de la religión católica en el mundo.

Centrado desde sus inicios en Europa, el catolicismo ha cambiado su centro de gravedad: en la actualidad 40% de los feligreses viven en América Latina, 27% en el Europa, 12% en África, 10% en Asia y 9% en Estados Unidos y Canadá.

Activismo político

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La trascendencia de la obra de Juan Pablo II no se limita a la esfera católica.

Líder carismático, con una sólida preparación intelectual y conocedor de la realidad política del último tercio del siglo XX, su trabajo político fue factor fundamental en la desaparición del bloque socialista.
La influencia ejercida
 por el Sumo Pontífice para cambiar el rumbo de la historia universal contemporánea fue reconocida por el ex presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov: “Hoy podemos decir que todo lo que ha ocurrido en Europa oriental no habría sucedido sin la presencia de este Papa. Hoy, en la historia de Europa, ha habido un viraje profundísimo. Juan Pablo II ha jugado —y juega en ello— un papel decisivo”.


Su apoyo al sindicato Solidaridad de Polonia, dos años después de ser investido, a la postre significó el inicio de la caída de los gobiernos del bloque socialista. Las huelgas en Polonia, tierra del Papa, se convirtieron en insurrecciones políticas que combinaron varias fuerzas: trabajadores, intelectuales y la Iglesia católica, guiada por él.

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La entonces Unión Soviética no se atrevió a invadir a Polonia como lo hizo en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968 por las graves consecuencias que acarrearía el hecho de tener un Papa polaco como líder espiritual del mundo católico.

Los analistas e historiadores coinciden en que Juan Pablo II fue quien sembró las semillas de la insurrección en Polonia —extendida más tarde a otros países socialistas— con su visita en junio de 1979, lo que representó un fuerte golpe para el dominio que ejercía la URSS entre los países de Europa oriental.

El peligro que representaba a los regímenes socialistas totalitarios sería el motivo del atentado cometido en su contra en 1981, en la plaza de San Pedro por el extremista turco Mehmet Alí Agca.

Latinoamérica, bastión católico

La disminución del catolicismo y la vocación sacerdotal en Europa convirtió a América Latina en uno de los bastiones del cristianismo al concentrar 40% de la feligresía mundial, además de perfilarse como el centro futuro de la Iglesia católica.

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Los cardenales de esa parte del continente superaban hasta el año pasado a los italianos en el Consejo Cardenalicio, por lo que son constantes las especulaciones sobre las altas posibilidades de que el próximo Pontífice fuera elegido de esta región del planeta. México y Brasil encabezan a los países de la zona con el mayor número de feligreses católicos, de ahí los cinco viajes realizados por Juan Pablo II a tierras aztecas.


A sus viajes pastorales en Estados Unidos y Canadá el Papa añadió también una visita histórica en 1998 a Cuba, donde la Iglesia católica fue reprimida después de la revolución de 1959. Y si bien es cierto que no tuvo la presión ejercida por los gobiernos comunistas de Europa oriental, el gobierno cubano mantuvo un firme control y una estrecha vigilancia a esa Iglesia.

“Que Cuba, con todo su magnífico potencial, se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, expresó Juan Pablo II en su discurso de llegada a la isla.

Ante el comandante Fidel Castro dijo que los cubanos merecían “libertad, confianza mutua, justicia social y paz duradera”. A su regreso a Roma, confió en que esa visita pudiera producir “un fruto” parecido al que su primer viaje a Polonia había generado en su tierra natal.

África es otro continente donde el catolicismo se expandió con fuerza en el siglo pasado, en cuya parte final pasó de 2% de la población a 17%. Tiene el mayor número de conversiones, porque quienes profesan religiones animistas locales pasan lentamente al monoteísmo, el cristianismo o el Islam, lo que a su vez originó confrontaciones sangrientas entre ambas religiones.

Mensajero de la paz

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En su largo pontificado ha mantenido conversaciones con los líderes más importantes del mundo y desplegado una intensa labor diplomática a favor de la paz en el conflicto palestino-israelí, y para tratar de mediar en las guerras de Estados Unidos contra Afganistán e Irak.

Con su mensaje de paz y concordia colabora en la solución de conflictos bélicos, para lo cual ha desplegado una intensa actividad diplomática, tanto en las zonas de conflicto como en el propio Consejo General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Las creencias y acciones del Sumo Pontífice están impulsadas por un apasionado deseo de mejorar el mundo espiritual, moral y material de cada una de las personas, así como de contribuir al objetivo de un mundo mejor y más pacífico y a un orden internacional justo. Esto es lo que domina el quehacer espiritual y político de Juan Pablo II”, dice de él el último presidente de la Unión Soviética y Premio Nobel de la Paz, Mijail Gorbachov.


Relación con otras religiones

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En sus esfuerzos por la paz mundial, en 1986 convocó a los líderes de 75 religiones no cristianas y de otros credos para rezar por la paz.

 “Significa reconocer que las diferencias no nos empujan al enfrentamiento sino al respeto, a la colaboración leal y a la edificación de la paz. La intención es no rezar juntos, sino estar juntos para rezar. Queremos proclamar ante el mundo que la religión no debe ser nunca motivo de conflicto, de odio o de violencia”.

En un afán de reconocer los errores de la Iglesia católica a través de la historia, no dudó en acudir a Israel en el año 2000 y pedir perdón por la persecución judía a consecuencia de que durante siglos el catolicismo enseñó a sus fieles a despreciar y odiar a los judíos y el judaísmo, y ser cómplice de la persecución de éstos.

 


Así, 26 años después de la asunción de Juan Pablo II a la silla papal la Iglesia católica recuperó credibilidad moral y espiritual en el mundo, y avanzó en su deseo de ser universal y redescubrir el sentido social del Evangelio.

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 Conocedor de la importancia de mantener entre la feligresía católica las enseñanzas de Cristo y los valores de la Iglesia, no ha dudado en realizar largos y extenuantes viajes alrededor del mundo. Sabe que otras religiones cobran fuerza a costa del catolicismo, de ahí la importancia de reforzar los fundamentos y principios de la religión que encabeza.
En esta tarea evangelizadora ha efectuado una importante transformación dentro de las filas del Vaticano.

Durante su gestión ha beatificado a más de mil 300 personas, más que sus predecesores de los últimos 400 años; ha canonizado a más de 456 personas y ha nombrado a más de 200 cardenales, 95% de los cuales tienen menos de 80 años y pueden elegir a un nuevo Papa.

Su labor pastoral lo ha llevado a recorrer más de 130 países y territorios. En las dos décadas y media de su pontificado ha emprendido una misión evangelizadora en viajes constantes por los cinco continentes.
26 Años de Pontificado
 

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