|
En la década del 20, cuando los chicos jugaban al fútbol en Wadowice, al sudoeste de Polonia, no era complicado armar los equipos: siempre era "judíos vs católicos". Desde muy chico Karol Wojtyla convivió con los judíos, que eran la cuarta parte de la población de su lugar natal, de apenas 8 mil habitantes. Algunos amigos de entonces siguieron cerca del Papa hasta el final, como Jerzy Kluger, quien terminó siendo el enlace entre el Vaticano e Israel, cuyos vínculos diplomáticos se iniciaron recién en 1994. Pero entre los tiempos de aquellos partidos amateurs y hoy, pasó la historia y, con ella, la mayor infamia del siglo XX: el exterminio nazi.
"Juan Pablo II fue el primer Papa que visitó una sinagoga (la de Roma, en 1986), el primero que fue a Tierra Santa y el primero que dictaminó que el antisemitismo es un pecado". Alto y mayor ("soy 19 meses menor que el Papa", dice soberbio), el intelectual y ex canciller Wladyslaw Bartoszewski pasó por Auschwitz y más tarde estuvo 6 años en cárceles comunistas. Es casi un símbolo de este país, un hombre que vivió en carne propia las dos ocupaciones, como llaman aquí al período opresivo que comenzó en 1939.
Bartoszewski conoció muy bien al Papa, e incluso lo acompañó siendo canciller en el 2000, durante el viaje a Israel. "Allí hablé con todos", cuenta este hombre grande que se cubre con la mano la oreja derecha para escucharse mejor, "y no encontré ninguna voz que no fuera de admiración". "Lo suyo fue realmente revolucionario", asegura, y explica que nunca antes un católico debía confesar sus sentimientos antisemitas como pecado. "Su manera de ver esta cuestión sobrepasaba notablemente el nivel de conciencia de obispos y cardenales", intenta explicar.
Los años de infancia en Wadowice fueron la escuela de la tolerancia para "Lolek", como lo llamaban. Su gran amigo Kluger le confió a Bartoszewski que cuando tenían 12 o 15 años y Wojtyla iba a visitarlo besaba la mano de su madre, algo que en la Europa de entonces no era hábito. Entre el prejuicio y el antisemitismo como ideología, no cualquiera besaba una mano judía.
Hasta la llegada de las tropas de Hitler a Polonia los judíos eran el 10% de los habitantes del país, de unos 35 millones. Actualmente no llegan a 15 mil y los habitantes son 38 millones. Los judíos participaban de la vida política y militar, al punto que en el ejército había rabinos.
Para dar una idea de lo enorme que era la comunidad judía polaca, en la capital hasta la Segunda Guerra, uno de cada 3 ciudadanos era judío. Para dar otras: en la segunda mitad de la década del 30 se publicaban 130 periódicos en idish y había 15 teatros que daban funciones en la misma lengua. Hoy en Varsovia sólo queda una sinagoga y abre nada más que los jueves, en calidad de ícono turístico.
Los nazis no sólo terminaron con los judíos polacos sino que buscaron terminar con los polacos en general. Seis millones murieron en la Segunda Guerra, incluidos los 3,5 millones de judíos polacos. En algunas iglesias hubo sacerdotes que asistieron a los judíos, familias que también lo hicieron y organizaciones que se crearon para tal fin, como "Zegota".
Pero la principal acusación de los judíos polacos siempre fue que los nazis se sirvieron del antisemitismo local para sus planes de exterminio. Y eso es también el motivo por el cual los judíos observaron con admiración el acercamiento de Juan Pablo II, un hombre que manejó su papado con gran sensibilidad por la dignidad humana y la misma dosis de sensatez política.
"No es casual", dice Bartozsewski, "que en estos días los judíos recen por el Papa".
"Les aseguró a los judíos que la Iglesia Católica está profundamente entristecida por el odio, la persecución y las manifestaciones de antisemitismo dirigidos contra los judíos por los cristianos en cualquier tiempo y lugar", dijo el Papa durante su visita a Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Israel. "Nadie puede ignorar lo que pasó. Nadie puede minimizar su escala", dijo otra vez sobre la Shoah —así se refería al Holocausto— el hombre que nació en un pueblo donde la convivencia fue posible y que simbólicamente sólo está a 20 kilómetros de Auschwitz.
|