Eleccion de Juan Pablo II Imprimir E-Mail
escrito por Catolico Digital   
sábado, 18 de marzo de 2006

 

Dos-cardenales-polacos-entran-al-Conclave
Tras la muerte de Juan Pablo I y durante los días de sede vacante, en la prensa no sólo se hicieron numerosas quinielas de los posibles 'papabili', sino que se apuntaba ya "lo que conviene a la Iglesia" en el futuro, para ir "a favor de los vientos de la historia".

El empate o de votos entre Siri y Benelli hizo que en la segunda jornada los votos se dispersaran hacia otros candidatos convergiendo fundamentalmente en Karol Wojtila.

REACIO A DEJAR SU TIERRA.

El-Cardenal-Wojtyla
El cardenal, cuando vio que podía ser elegido, fue reacio a aceptar, porque suponía dejar su tierra natal, dejar a su gente, dejar su trabajo como obispo, y cambiar radicalmente de vida, vivir en Roma y gobernar la Iglesia.

Por esta razón, cuando se le fue a preguntar --lo que es ritual-- si aceptaba la elección, él pronunció la siguiente frase: "En obediencia a la fe a Cristo, mi señor, confiado en la Madre de Cristo y de la Iglesia, no obstante las graves dificultades, acepto.

Su propia experiencia ha quedado plasmada en la Constitución Apostólica 'Universi Dominici Gregris', que es la que regula la futura elección del Papa. Dicho texto pide a quien resulte elegido "que no renuncie al ministerio al que es llamado por temor a su carga, porque Dios, al imponerle esta carga, le sostendrá con su mano".

LA NOCHE DE LA ELECCIÓN
El-Cardenal-Wojtyla-acepta-su-eleccion-como-Papa
El arzobispo de Viena, Franz Knig, se prodigaba distribuyendo un libro llamado 'Signo de contradicción', cuyo autor era el cardenal Karol Wojtila, en el que recogía las homilías de los ejercicios espirituales que predicó al Papa Pablo VI, dos años antes.

El peso de los cardenales centroeuropeos se sabía que era importante, por su prestigio en los Sínodos de los Obispos, frente a los cardenales latinos o italianos. Así, el cardenal Knig al entrar en el Cónclave el 14 de octubre, preguntó al Primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynski:

"¿Y si el próximo Papa fuera un polaco? A lo mejor Polonia tendría algún candidato.... A lo que el Primado respondió: "`Dios mío! *Te parece que yo debería acabar en Roma... bueno, esto supondría un triunfo sobre los comunistas". Knig dijo entonces, "No, no me refiero a ti, pero hay un segundo hombre polaco...". "¡Ah!", replicó Wyszynski, "es demasiado joven Karol, es desconocido... nunca podría ser Papa, aseguró. Pocas horas después el Primado de Polonia se acercó a su pupilo y le dijo: "Si te eligen, `acéptalo!".

El día 16 de octubre de 1978 alrededor de las seis y media de la tarde, esperábamos la 'fumata' como ocurrió por la mañana, en un ambiente lógicamente tenso y con muchos comentarios sobre el futuro Papa.

Me encontré con unos conocidos, algunos eran monseñores de la Curia. Uno de ellos era el polaco Bogumil Lewandowski, quien dijo que "en Polonia hace tiempo que rezamos para que antes del año 2000 termine la dictadura comunista en nuestro país". Todos callamos, porque pensamos que aquello no tenía la más remota posibilidad.

DESCONCIERTO.

Humo-Blanco
Pocos minutos después salió la fumata. No se sabía de qué color era el humo. Primero salió blanco, luego negro, luego un potente foco iluminaba la chimenea. La gente de la plaza estaba desconcertada, aplaudía a ratos, hablaba con voz fuerte, "*qué pasa? *qué es esta fumata, negra o blanca?". Vi bajar a grandes zancadas desde la Secretaría de Estado a uno de los directores de 'L'Osservatore Romano', a quien nunca había visto correr por su aires de monseñor. "*Hay Papa?", pregunté. "Sí", me dijo. Y rápidamente transmití por teléfono la noticia a mi redacción de Madrid.

El problema era quién sería el Papa. Yo tenía preparadas unas doce biografías por si alguno de estos cardenales salía Papa. Los altavoces del Vaticano anunciaron que había sido elegido el Pontífice.

Un gran júbilo estalló en la plaza: la gente cantaba, rezaba, lloraba, gritaba "`Viva el Papa!", sin saber quién era. Es difícil describir el ambiente en estos casos en que la plaza de San Pedro está repleta de gente y con tanta emoción concentrada. 

HABEMUS PAPAM

Habemus-Papam
A las 16.45 del 14 de octubre de 1978, diez días después del funeral del Papa Juan Pablo I, 110 cardenales electores y 88 personas seleccionadas para asistirles entraron en cónclave, aislados del mundo, para elegir a su sucesor.

A las 18.18 del 16 de octubre salió humo blanco de la pequeña chimenea de la Capilla Sixtina, señalando así que los cardenales electores habían elegido un nuevo Romano Pontífice. Veintisiete minutos más tarde, el Cardenal Pericle Felici apareció en la logia central de la Basílica de San Pedro y anunció la elección de Juan Pablo II a la Sede de Pedro con las palabras: "Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam Carolum Wojtyla, qui sibi nomen imposuit Ioannem Paulum II".

Una mujer italiana comentaba, "¿Cómo ha dicho? ¿Es negro?". "No, le dijeron, es polaco". "Allora `Viva il Papa!", repuso la mujer. La plaza de San Pedro, al ver aparecer aquel hombre grande, muy rubio, casi blanco, venido "de un país lejano", como dijo, arreció en aplausos y en vivas al Papa. 

El-Cardenal-Wojtyla-es-electo-el-pontifice-264-bajo-el-nombre-de-Juan-Pablo-II
A las 19.15, el nuevo Pontífice, revestido con el tradicional blanco papal, apareció en el mismo balcón y dijo en italiano las palabras ahora familiares a decenas de millones de personas en todo el mundo: "¡Alabado sea Jesucristo!".

"Queridos hermanos y hermanas -continuó- todos estamos aún entristecidos por la muerte del querido Papa Juan Pablo I. Y ahora los eminentísimos cardenales han llamado a un nuevo obispo de Roma. Lo han llamado de un país lejano... Lejano, pero siempre muy cercano por la comunión en la fe y en la tradición cristiana. He tenido miedo al recibir este nombramiento, pero lo he hecho con espíritu de obediencia a Nuestro Señor y con confianza total en su Madre, la Virgen Santísima"

 

"No sé si puedo expresarme bien en vuestra, en nuestra lengua italiana. Si me equivoco me corregiréis. Y así me presento ante todos vosotros, para confesar nuestra fe común, nuestra esperanza, nuestra confianza en la Madre de Cristo y en la Iglesia, y también para comenzar de nuevo por este camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres".


Modificado el ( sábado, 18 de marzo de 2006 )
 

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