No le correspondía al sacerdote darle oficialmente su nombre, sino a la misma partera.
Toda la familia preparó una fiesta, que seguiría a la ceremonia; también mandaron hacer un escudo pequeño un arco y cuatro flechas, que corresponden a cada uno de los puntos cardinales. Antes del amanecer, ya estaban allí todos los amigos y parientes. Cuando ya despuntaba el alba, la partera provista de una jarra con agua se acercó al niño y habló así:
“¡Oh águila, oh tigre, oh valiente hombre, nieto mío! Has llegado a este mundo, te ha enviado tu padre y tu madre, el gran señor y la gran señora (se está refiriendo a la Dualidad) que está sobre los nueve cielos (ahora está hablando del ser que existe, pero nadie puede ver aquí en la tierra) te hizo merced nuestro hijo Quetzalcoatl[1], que está en todo lugar”[2].
Con sus dedos mojados, depositó algunas gotas en la boca del pequeño. Después tocó el pecho del niño con su mano húmeda, al tiempo que le decía: “Prueba aquí el agua celestial, el agua muy pura que lava y limpia tu corazón, que quita toda la suciedad, recíbela, que ella purifique y limpie tu corazón”[3].
La ceremonia “del bautismo” como le llama Fray Bernardino de Sahagún, no termina aquí..., pero todo llega a su fin; ya se han terminado los ritos y se escoge el nombre que ha de llevar el niño.
Como no se usaba ningún apellido, sería llamado como su padre o quizá alguno de sus abuelos. A éste niño le tocó ser conocido en adelante como “Cuauhtlatoa”, que viene de: “Cuauhtli”, Águila; “tlatoa”, hablar y huac, como. Significa, pues, “El que habla como águila”[4].
Resultó a la postre casi profético, porque tuvo que hablar cosas muy importantes. Sus palabras en relación con la Virgen María, serán conocidas por la eternidad.
Cuando fue mayor, se añadió a su nombre la partícula “tzin”. Cuauhtlatoatzin; que indica señorío y se traduce por “La Venerable Águila que habla”.
Al recibir las aguas del bautismo en la Iglesia Católica años después, se llamó sencillamente “Juan Diego”[5].
Reproducido con autorización
Roberto Robles Nieto Médico por la Universidad Autónoma de México (UNAM) y Doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás (Roma).
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[1] PIÑA CHAN, ROMAN: “Quetzalcoatl”, Fondo de Cultura Económica y Secretaría de Educación Pública, México 1985, p.24. “El dios Quetzalcoatl (se traduce al castellano como “Serpiente emplumada”) ha sido confundido varias veces con el héroe de Tula Topiltzin, que siendo sacerdote suyo lleva su nombre (ver nota introductoria). Quetzalcoatl es una deidad más antigua aún que los Toltecas y también el santuario que levantaron en su honor. Para los “mexicas” fue “el dios de aire”. (Cfr. Nota introductoria). Para los toltecas “el dios del bien y de la cultura”, en relación con “el agua que corre”. Estas ideas evolucionaron después.
[2] Se refiere a “Tloque nahuaque”, un atributo del Ser único, venerado por los chichimecas (ver nota 6). Esta es una gran herencia tolteca. A este Ser lo predicarán los sacerdotes sucesivos de Quetzalcoatl.
[3] SAHAGUN, FRAY BERNARDINO: o.c., Libro VI, Cap. XXXVII, Nos. 6, 7 y 8, pp. 389-390.
[4] SENTIES RODRÍGUEZ, HORACIO: “Genealogía de Cuauhtlatoa”, Histórica, Colección III; Tema presentado en el XIV Encuentro Nacional Guadalupano. Centro de Estudios Guadalupanos, México, 1989. Fascículo 7, p.1 y s.s. “En actos de heroísmo se distinguieron Ixtlilxochitl al lado de Cortés y Quauhtliztactin -Águila Blanca- al lado de Alvarado; al que salvó la vida en Tlatelolco. D. Fernando de Alba Ixtlixochitl, en su “Relación de la venida de los españoles y principio de la ley evangélica”, al hablar de este personaje lo llama: Juan Quauchtloitatzin... “Con el tiempo va cambiando la escritura -por influencia de los españoles y su pronunciación-; D. Carlos de Sigüenza y Góngora lo tomó como Cuauhtlatoatin -Águila que Habla-; incluso al releer los papeles que recibió de Alba Ixtlixochitl. Sigüenza es el único historiador que nos da el nombre indígena de Juan Diego, quien seguramente pasó de Águila Blanca a Águila que Habla; incluso por su relación con las Apariciones de la Santísima Virgen de Guadalupe, de quien habló tan espléndidamente (Ver Cap. V). Cfr. también Códice 1988, de reciente hallazgo.
[5] BECERRA TANOC: “Almanaque”, o.c., p. 110. Fue bautizado en Tetzcoco a los 48 años de edad en el 1524, porque para 1531 ya había convento franciscano en Cuautitlán. Cfr. CHAUVET, FRAY FIDEL DE JESÚS: “Juan Diego y los franciscanos”, en “Almanaque”, o.c., p. 226. Se pregunta Fray Fidel: ¿Es posible que un indio “macehualli” -labrador- recibiera el bautismo en años tan próximos a la conquista? Respondemos que sí fue posible para este indio porque no era un “macehualli” sino un “principal”. |