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Se trasladaba de Cuautitlán a Tetzcoco, vistiendo como correspondía a una persona de su calidad y estilo. Usaba el “maxtlat” de algodón bordado, que dejaba al descubierto el torso y las piernas; calzaba sus pies con sandalias de cuero y se envolvía en una manta o “tilma”, también tejida con hilo de algodón y decorada con las grecas que le agradaban.[1]
Esta indumentaria venía permitida por el clima templado del Valle, que siendo tropical esta muy alto y esto hace que los días eran tibios y las noches frescas la mayor parte del año. Las prendas de ropa que vestía, eran suficientes para que el se sintiera sencillamente a gusto.
Al aproximarse a la ciudad de sus mayores; Tetzcoco, recordaría que a la edad de siete u ocho años, sus compañeros de juegos fueron al colegio conocido por todos como el “Telpochcalli” -la casa de los jóvenes- donde les enseñaron que “un principal” debía ganar su puesto en la sociedad por méritos propios, y que un plebeyo podía llegar a ser muy respetado por sus hechos, especialmente por su comportamiento en la guerra. Juan Diego, por ser hijo de una familia con posibilidades y buenas relaciones en Tetzcoco, debía asistir a otro colegio, donde se impartía una enseñanza mas completa a los alumnos: el “Calmecac”[2].
Los maestros del “Telpochcalli” eran seleccionados entre los guerreros más reconocidos por su valentía, valores humanos y la destreza que mostraban en el manejo de las armas. Los del “Calmecac” se escogían entre sacerdotes de probada virtud y conocimientos intelectuales. En este colegio recibían también una esmerada instrucción militar. Tal parece que los alumnos llegaban al “Calmecac” alrededor de los quince años de edad; aunque en la práctica, eran enviados ahí mucho antes, de acuerdo a las necesidades familiares causadas por la ausencia del padre de familia en la casa[3].
Existían en Tetzcoco y sus dominios, varios “Calmecac”, que seguían una educación semejante a la de México, cada uno de ellos tenía al lado un templo. Su labor educativa, dependía del “Teohuatzin”[4], que podría traducirse como el “Vicario General” -indirecta relación con los grandes sacerdotes- del culto tributado a los númenes y especialmente a la Dualidad, que representaban al Ser Divino; del que no se podían hacer figuras e imágenes por el respeto que inspiraba a todos. De la Dualidad y de los diferentes aspectos de la Naturaleza representados por númenes -llamados cada uno “Teotl”- sí se podían hacer imágenes y dibujos.
En el “calmecac” se preparaba al alumno para el sacerdocio, si él lo pedía, o para las altas funciones del Estado. Esta educación era severa y rigurosa[5].
En Tetzcoco existía también el “telpochcalli” como los que tenían los mexicas, o sea la escuela común para los muchachos de la ciudad. Si Juan Diego no hubiera sido de familia con posibilidades económicas, hubiera asistido al “telpochcalli” de Cuauhtitlán. Él recibió la educación que correspondía a una persona que viene de un medio social elevado y por lo tanto fue el “tlacateo”, que podría ser la variante tetzcocana del “calmecac” de los aztecas[6].
“... les enseñaban toda la policía (buena educación) de su modo de buen vivir, y todas las ciencias y artes que sabían y alcanzaban, hasta las mecánicas de labrar oro, pedrería y plumería y las demás; así mismo el ejercicio militar con tanto cuidado, que no los dejaban estar ociosos ni un momento”[7].
“Antes que amaneciese, los más pequeños iban al monte a buscar ramas de abeto y espinas para el culto, mientras los demás incensaban hacia los cuatro puntos cardinales. El propósito de esta severidad era curtirlos en las inclemencias y habituarlos al poco sueño y comida para que sintiesen menos los rigores de la guerra”.
Continúa Pomar: “Pasaban el día en enseñarlos a bien hablar, a bien gobernar, a oír de justicia, y en pelear de rodela y macana y con lanza con pedernal, a manera de pica y aunque no tan larga. Y esto hacían los que ya tenían edad para ello. Otros se iban a la casa de canto y baile a aprender a cantar y bailar. Otros al juego de pelota”[8].
Aunque los niños fueran hijos de gente noble, altos funcionarios, ricos comerciantes o labradores, no se diferenciaban entre ellos por su vestimenta, que era muy sencilla, vestían todos igual: un pañalete de algodón y una manta áspera de henequén. Se levantaban en la noche, tomaban un baño de agua fría y de inmediato comenzaban a trabajar barriendo el templo, patios y las diversas dependencias de su colegio[9].
Esta fue la clase de educación que recibió Juan Diego. Siendo un jovencito, su tío –que en ausencia de su padre se ocupaba de su educación- lo envió al “Calmecac” (la casa de los corredores largos), donde además de instruirlo en el arte militar, vigilaron sus costumbres e hicieron que se ejercitara en la honestidad y en la virtud.
Escribe D. Lorenzo Boturini que era a “Tetzcoco” donde los señores de la tierra enviaban a sus hijos para aprender lo más pulido de la lengua náhuatl, la poesía, la filosofía moral, la teología gentílica, la astronomía, la medicina y la historia[10].
Al término de su educación colegial, conocía bien la historia de su pueblo; retórica; gramática náhuatl -que le daba mucha seguridad al hablar-, sabía expresar sus pensamientos elegantemente, podía escribir e interpretar con exactitud, haciendo uso de la memoria, los dibujos que significaban las ideas consignadas en el papel hecho con la pulpa de la hoja carnosa del “maguey” -planta de estas tierras clasificada como “Agave mexicana” -; se habían ejercitado en el arte y en los ejercicios propios de la guerra.
Le enseñaron especialmente el valor de la vida bien llevada, conforme a la importancia que tiene en la existencia humana el conocimiento de Dios[11].
Siendo ya un muchacho pudo elegir su actividad. Debía escoger entre varias posibilidades: llegar a ser un “pochteca”, un comerciante, con una mentalidad muy semejante a la del empresario de nuestros días[12]; o hacerse un guerrero para alcanzar rápidamente honor y dignidades; pudiendo entonces adornarse con oro y piedras preciosas como muestra de su destreza y valentía, y lucir un elaborado penacho de plumas provenientes de las exóticas aves del trópico, que habitan en las tierras bajas y calientes, más allá de las montañas del Valle. |