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A medida que se aproximaba a Tetzcoco, es fácil que pensara en su familia y en sus años mozos. Le vino a la mente, que su padre había tenido pocas oportunidades de influir en su educación, por sus forzosas ausencias del hogar[1], donde Juan Diego convivía con su madre y sus hermanos.
Los altos funcionarios y los dignatarios, generalmente tenían una esposa principal y varias esposas secundarias, que no eran consideradas socialmente, como “concubinas”, porque legalmente pertenecían a ese grupo familiar, viviendo en armonía, o por lo menos procurando que así fuera[2].
Guardó siempre un cariño muy especial a su tío, a quien fue confiado desde que era muy pequeño; ésta era la costumbre, en caso de necesidad el niño no quedaba solo ni un día siempre habría alguien que cuidara de su educación y su futuro.
El tío de Juan Diego a quien fuera confiado, lo acompañó hasta la vejez de ambos; hubo entre ellos una gran comprensión y mutuo afecto; siempre se ayudaron en las faenas del campo y en los diversos trabajos que correspondían a la común tarea familiar. Este hombre, al que conocemos como Juan Bernardino -después de ser bautizado en la Iglesia Católica-, era hermano de su padre, porque Juan Diego se refiere a él diciendo “Motlaltzin” -mi tío muy querido-. Si hubiera sido hermano de su madre, la partícula empleada habría sido “teltla” y no “tlali”, que pierde la última letra para formar la palabra mencionada. [3]
Juan Bernardino debía velar por el bien del niño cuya custodia había aceptado, sin separarlo de su madre, hasta que fuera a estudiar al “Calmecac”, el Colegio que le correspondía de acuerdo a su posición en la sociedad; debía asistir a este Colegio, porque él era un “principal” entre los de su raza. Seguramente debía dejar Cuautitlán, porque el “Calmecac” de las personas distinguidas se encontraba en Tetzcoco.
Otra de sus tareas que su tío debía realizar, si el padre del muchacho estaba ausente, o delegaba a él las funciones, consistía en procurar que hiciera un buen matrimonio, con una joven de su condición y de una educación semejante. Las dos familias se pondrían de acuerdo para que todo fuera bien; los grandes y los pequeños detalles corrían por su cuenta.
Si Juan Diego fue una persona de alta categoría, por su educación y sus condiciones humanas, indudablemente su tío era de un estilo semejante al suyo: todo un varón indígena, que debía conseguir que su sobrino llegara a ser un hombre de bien, culto y refinado en sus costumbres.
Más que otra cosa, los unió el mutuo afecto. Juan Bernardino dio todo lo mejor que tenía en beneficio de este sobrino suyo. Lo cuidó con solicitud, hasta que contrajo matrimonio, alrededor de los veinte años. Aún después él continuó protegiendo a ese muchacho: porque cuando Juan Diego se casó, él pasó a formar parte de esa nueva familia y le ayudó en todo lo que pudo.
Reproducido con autorización
Roberto Robles Nieto Médico por la Universidad Autónoma de México (UNAM) y Doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás (Roma).
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[1] Juan Diego nació en una sociedad sumamente sedienta de prestigio, fundamentado en servicios prestados a la Nación. Los funcionarios importantes, los magistrados, evidentemente no tenían tiempo para dedicarse a la educación de sus hijos.
[2] POMAR, JUAN BAUTISTA: “Relación de Tetzcoco”. Publicada por Joaquín García Icazbalceta: “Nueva colección de documentos para la Historia de México”. T. III, México 1891, p. 25. “El sistema mexicano era una transición entre la monogamia y la poligamia. Solo existía una persona principal; pero podía tener más si le convenía al interesado, y su estatuto social no era el de “concubina” -aunque así se le llamó después de la venida de los españoles- como ahora se entiende; estas personas no eran objeto de burlas o de desprecio.
Las expresiones de legitimidad e ilegitimidad, llegadas después de la conquista, no tienen sentido en este caso, porque sobre los hijos de las esposas secundarias, no pesa ningún estigma. El “Tlatoani” -Gran Gobernante- Izcoatl, fue hijo de una mujer que no era esposa principal. Se deja sentir también aquí la huella de Corea, China y Japón.
[3] Juan Bernardino tuvo el privilegio de velar por su sobrino Juan Diego. Según la derivación náhuatl de la palabra “tío”, era el hermano de su padre. Siendo Juan Diego un hombre proveniente de una familia de abolengo, su tío necesariamente tenía esa misma condición social elevada y más que otra cosa: la buena educación recibida. |