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Desde hace mucho tiempo se ha tenido la certeza de que Juan Diego ya se encontraba en el cielo, gozando de Dios, como lo expresaba Femando de Alva Ixtlilxóchitl, a finales del siglo XVI, en su escrito llamado Nican Motecpana: "La Purísima, con su precioso Hijo, llevó su alma a donde disfruta de la Glori'a Celestial"," el mismo autor manifiesta que Juan Diego es modelo de santidad y que así como él mereció el cielo, nosotros también nos esforcemos para ser dignos de él, continuaba Femando de Alva Ixtlilxóchitl: "¡Ojalá que así nosotros le sirvamos y que nos apartemos de todas las cosas perturbadoras de este mundo, para que también podamos alcanzar los eternos gozos del cielo!"2 En el siglo XVII, uno de los documentos más importantes son las Informaciones Jurídicas de 1666, en donde encontramos varias veces la referencia de Juan Diego como un hombre excepcional, todos los testigos confirmaron que Juan Diego fue un hombre piadoso, devoto, lleno de Dios, por ello no dudaron en llamarlo "varón santísimo" o ir a verlo para que intercediera ante la Virgen de Guadalupe y ante el mismo Dios para sus necesidades, o ponerlo como modelo para sus hijos. Otro importante autor, pero del siglo XVIII, Cayetano Cabrera y Quintero, expresaba en su libro Escudo de Armas, publicado en 1746, cómo Juan Diego era un verdadero intercesor para el pueblo: "Aún los mismos indios que frecuentaban el Santuario -decía Cabrera- se valían de las oraciones de su compatriota viviendo y, ya muerto y sepultado allí, lo ponían como intercesor ante María Santísima, para lograr sus peticiones."
El pueblo siempre expresó su admiración y veneración a Juan Diego representando su figura como un "atlante" y sostenedor de todo un altar, como en el altar de San Lorenzo Ríotenco; como fundamento y sostenedor de un púlpito como en la iglesia del Pocito, como ángel a los pies de la Virgen como en la fachada del Colegio de Guadalupe o como franciscano, como es representado en la fachada de la antigua Basílica de Guadalupe, o pintado con aureola como en el exvoto que se conserva en el museo de la Basílica de Guadalupe, esculpido con veneración en un cáliz de oro, etc.
Don Santiago Beguerisse publicó Apuntes Biográficos del Venturoso Indio Juan Diego; y el 1 de noviembre de 1895 escribió al Obispo de Cuemavaca, Fortino Hipólito Vera, con quien lo unía un mismo pensamiento, comunicándole su interés por iniciar un Proceso para la Beatificación de Juan Diego. En octubre de 1904, en el Congreso Mariano que se celebró en Morelia, se presentó la iniciativa para que se solicitara iniciar el Proceso para la Beatificación de Juan Diego. El 1 de mayo de 193 1, por motivo del IV Centenario de las Apariciones, se publicó en el Boletín Eclesiástico de la Arquidiócesis de Guadalajara un artículo intitulado "La Canonización de Juan Diego" donde se pide la canonización de Juan Diego. El 12 de abril de 1939 se publica una importante Carta Pastoral del Obispo de Huejutla, José de Jesús Manríquez y Zárate: XVI Carta Pastoral que dirige a sus diocesanos sobre la necesidad de trabajar ahincadamente por la glorificación de Juan Diego en este mundo, San Antonio, Texas; para trabajar en la glorificación de Juan Diego.
En 1950, el Obispo de Huejutla, José de Jesús Manríquez y Zárate, cuando asistió a Roma a la Declaración Dogmática de la Asunción, representando al Arzobispado de México, aprovechó paraentrevistarse con el cardenal Nicolás Canali, gran autoridad del Vaticano, proponiéndole el iniciar la beatificación de Juan Diego.
En los últimos años esto se expresó con mayor fuerza. En 1974, tanto los Obispos de México como los de América Latina habían pedido la canonización de Juan Diego, se propuso la canonización de Juan Diego como modelo de laico cristiano. 5 En 1979, durante su primer viaje pastoral en México, el Santo Padre, Juan Pablo II, habló de Juan Diego como ese personaje histórico fundamental en la historia de la Evangelización de México. Los Obispos mexicanos insistieron en que la canonización de Juan Diego es un hecho profundamente querido por la gran parte del pueblo de México; se dieron los primeros pasos y el 15 de junio de 1981 durante la Décima Asamblea, la Conferencia Episcopal Mexicana pide formalmente la canonización de Juan Diego.
El Arzobispo Primado de México, D. Emesto Corripio Ahumada, escuchó estas súplicas y peticiones y con gran empeño inició los traba os; escribiendo a la Congregación para la Causa de los Santos en 1981, para informarse sobre los pasos y posibilidades de canonizar al indio Juan Diego. El 8 de junio de 1982, la Congregación para la Causa de los Santos informó al Arzobispo de México, Corripio, los pasos necesarios que se tenían que dar para que todo el Proceso fuera conforme al Derecho Eclesiástico. El 7 de enero de 1984, en la Insigne Basílica de Guadalupe, presidió la ceremonia donde se daba inicio al Proceso Canónico del Siervo de Dios, Juan Diego, el indio humilde mensajero de la Virgen de Guadalupe. También se nombró, en ese entonces, una comisión histórica, presidiéndola el Prof. Joel Romero Salinas, miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografla de México, perito en Historia y Archivística para la Causa en cuestión; esta comisión histórica preparó el material necesario en estos casos. Más de dos años de estudio y trabajo fueron necesarios para concluir la primera etapa del Proceso y, el 7 de abril de 1986, la Congregación para la Causa de los Santos aprobó el camino realizado.
Todavía el Arzobispo de México Emesto Corripio quiso congregar, el 9 de octubre de 1989, en la Sala de Acuerdos de la Curia de la Arquidiócesis de México, a 21 especialistas en historia, investigadores y estudiosos del Acontecimiento Guadalupano, con la presencia también del entonces abad Mons. Guillermo Schulenburg, para que ahí se pronunciaran, los comentarios, reflexiones y opiniones a favor o en contra de la Causa de Juan Diego; era importante conocer todos los puntos de vistas y analizar no sólo la personalidad de Juan Diego, sino también la oportunidad de la continuación de la Causa; con toda libertad se podía exponer cualquier opinión en contra o a favor. El Ing. Joel Romero Salinas recordaba este momento en su libro Juan Diego. Su peregrinar a los altares, en donde refiere lo sucedido en este importante encuentro: "Ninguna opinión se vertió en contra de la existencia física del Siervo de Dios y se ahondó positivamente en su fama, virtudes y culto."
El Episcopado Mexicano actuaba con gran unidad y conciencia pastoral. El 3 de diciembre de 1989, Mons. Adolfo Suárez Rivera, Arzobispo de Monterrey y Presidente de la CEM, escribía al Cardenal Felici, Prefecto de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos: "La fama de santidad del Siervo de Dios y la auténtica devoción religiosa que se le guardaba, eran tales que, pese a la observancia de la Norma referente al culto público y litúrgico, el culto popular privado continuó y ha venido a ser más vivo y creciente en nuestros días. "Las diversas disposiciones de la Jerarquía Eclesiástica local, referentes tanto a la veneración de la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe como al respeto a la casa de Juan Diego, testifican la continuidad de la auténtica devoción hacia el Siervo de Dios [...] "La existencia de la auténtica fama de santidad del Siervo de Dios Juan Diego está sólidamente confirmada." El 9 de abril de 1990, el Santo Padre Juan Pablo II, por medio del Decreto de Beatificación, reconoció la santidad de vida y culto tributado, de tiempo inmnemorial, al Beato Juan Diego. Y el 6 de mayo sucesivo, el mismo Santo Padre, durante su segundo viaje apostólico a México, presidió en la Basílica de Guadalupe la solemne celebración en honor del Beato Juan Diego, inaugurando la modalidad del culto litúrgico que se le debía rendir al humilde y obediente indio, mensajero de la Virgen de Guadalupe. El Santo Padre afinó: "Juan Diego es un ejemplo para todos los fieles: pues nos enseña que todos los seguidores de Cristo, de cualquier condición y estado, son llamados por el Señor a la perfección de la santidad por la que el Padre es perfecto, cada quien en su camino. Juan Diego, obedeciendo cuidadosamente los impulsos de la gracia, siguió fiel a su vocación y se entregó totalmente a cumplir la Voluntad de Dios, según aquel modo en el que había sido llamado por el Señor, destacando por su amor tierno a la Santísima Virgen María, a la que tuvo constantemente presente y veneró como Madre y dedicándose con ánimo humilde y filial a cuidar su casa. No es extraño, por eso, que estando aún con vida, muchas personas le considerasen santo y le pidieran la ayuda de su oración. Esta fama de santidad ha perdurado después de su muerte, y no son pocos los testimonios del culto que se le daba [... 1 Después de realizar las oportunas investigaciones y de estudiar el material reunido, se elaboró una amplia relación acerca de la fama de santidad del Siervo de Dios, sus virtudes y el culto que se le a tributado desde tiempo inmemorial. La labor de la Congregación para la Causa de los Santos es sumamente profesional, trabajan ahí los más grandes especialistas en la materia; quienes llevan todo proceso de una manera meticulosa y detallada, no dejan ninguna duda por aclarar, ninguna pregunta por responder. Por lo que dispuso que junto con la Arquidiócesis de México se formara una Comisión Histórica, que encabezara una investigación apegada al método histórico científico. Esta Comisión fue encabezada por el P. Dr. Fidel González Femández, Doctor en Historia de la Iglesia, Consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, catedrático de la Pontificia Universidad Gregoriana y de la Pontificia Universidad Urbaniana, especialista en Historia de la Iglesia en América Latina; por el P. Dr. Eduardo Chávez Sánchez, Doctor en Historia de la Iglesia, Prefecto de Estudios del Pontificio Colegio Mexicano, Miembro de la Sociedad Mexicana de Histórica Eclesiástica, Investigador especializado de la Arquidiócesis de México; y Mons. José Luis Guerrero Rosado, canónigo de la Basílica de Guadalupe, licenciado en Derecho Canónico, investigador, catedrático y gran especialista en el Acontecimiento Guadalupano. El trabajo que afrontó la Comisión Histórica revistió un esfuerzo de varios años, analizando, estudiando e investigando bajo el método histórico científico, ubicando cada fuente histórica en su justo valor y naturaleza y en su convergencia; asimismo, se sometió a las normas precisas de la Congregación de la Causa de los Santos. El 28 de octubre de 1998, la Congregación aprobó los resultados de la investigación científica, constatando y confirmando la verdad del Acontecimiento Guadalupano, y la misión del indio humilde Juan Diego, modelo de santidad, quien a partir de 1531 difundió el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe, por medio de su palabra y de su ejemplar testimonio de vida. Se dio un paso más al pedir la Congregación que se publicara lo esencial y más importante de los resultados de la investigación de la Comisión Histórica; gracias a esto, en 1999, se En ese año de 1999, el Papa Juan Pablo II había afirmado con gran fuerza la importancia del Mensaje Guadalupano comunicado por el Beato Juan Diego y confirmó la perfecta evangelización que nos ha sido donada por Nuestra Madre, María de Guadalupe: "Y América, -declaró el Papa- que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido «en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [ ] en Santa María de Guadalupe, [ ] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada». Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América."lo El Papa confirmó la fuerza y la ternura del mensaje de Dios por medio de la Estrella de la evangelización, María de Guadalupe, y su fiel, humilde y verdadero mensajero Juan Diego, en donde Ella depositó toda su confianza; momento histórico para la evangelización de los pueblos, "La aparición de María al indio Juan Diego -reafirmó el Santo Padre- en la colina del Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente. [ 1 María Santísima de Guadalupe es invocada como «Patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización»." Todos los sucesores de fray Juan de Zumárraga han promovido interrumpidamente el gran Acontecimiento Guadalupano, el cardenal Norberto Rivera, con un gran esfuerzo y una ferviente oración, ha impulsado de manera decisiva la Canonización del Beato Juan Diego. Asimismo, el Rector y todos los Canónigos de la Nacional e Insigne Basílica de Guadalupe, han dirigido peticiones al Santo Padre, por ejemplo el 21 de agosto de 2000, en una de varias cartas, dicen: "estamos plenamente convencidos de la historicidad del Beato Juan Diego [ 1 Por lo tanto, nuestra voz se dirige ahora a Su Santidad, para pedirle, humildemente, la pronta canonización del Beato Juan Diego, El Episcopado Mexicano en pleno ha sido de los más fuertes promotores motivando tanto la investigación científica, así como la evangelización y devoción popular en una pastoral integral. El Episcopado Mexicano declaró el 12 de octubre de 2001: "La verdad de las Apariciones de la Santísima Virgen María a Juan Diego en la colina del Tepeyac ha sido, desde los albores de la evangelización hasta el presente, una constante tradición y una arraigada convicción entre nosotros los católicos mexicanos, y no gratuita, sino fundada en documentos del tiempo, rigurosas investigaciones oficiales verificadas el siglo siguiente, con personas que habían convivido. con quienes fueron testigos y protagonistas de la construcción de la primera ermita"; 1 y más adelante señala: "Consideramos también deber nuestro manifestar que la historicidad de las apariciones, necesariamente lleva consigo reconocer la del privilegiado vidente interlocutor de la Virgen María." 14 Todos los Obispos Mexicanos se unen en una misma oración: "expresamos nuestra confianza en que no tardará su canonización y por ello elevamos nuestra plegaria". Cuando se aprobó todo el camino recorrido en cuanto a confirmar la historicidad de Juan Diego, se continuó con el proceso, ahora analizando el milagro que realizó Dios por medio de Juan Diego. Desde el 20 de noviembre de 1990, en la Curia del Arzobispado de México, se abrió el proceso canónico para recoger las pruebas sobre el milagro realizado por el Beato Juan Diego, concluyendo el 31 de marzo de 1994. El caso en cuestión tuvo lugar en la Ciudad de México el 3 de mayo de 1990, cuando un joven de 20 años de edad, llamado Juan José Barragán Silva, cayó de una altura de 10 metro aproximadamente sobre terreno sólido, con un fuerte impacto valorado en 2,000 kgs., con fractura múltiple del hueso craneal, y fuertes hematomas. Fue la mamá del muchacho quien le pidió a Juan Diego por la vida de su hijo. El 6 de mayo de 1990, exactamente cuando el Santo Padre Juan Pablo II estaba celebrando la misa de Beatificación de Juan Diego, en el Sanatorio se operó un verdadero prodigio, el joven que había sido desahuciado se incorporó y, como tenía hambre, comió de lo que encontró en una charola que se había colocado cerca de él; todo esto ante la admiración de propios y extraños. Los médicos no podían creer lo que estaban contemplando, obviamente los exámenes de todo tipo fueron muy exhaustivos para tratar de dar una respuesta racional a lo que estaban contemplando; el muchacho no tenía ya ni fracturas, ni contusiones, ni sangrado, absolutamente nada... tan admirable fue este prodigio, que a los pocos días salió del hospital por su propio pie. Más de 15 médicos especialistas analizaron este caso, conformando un gran expediente que será de gran importancia para el proceso del milagro. En primer lugar, se realizó un proceso diocesano para analizar este caso prodigioso y constatar que se podía integrar al proceso de canonización del Beato Juan Diego, todos los testimonios de los especialistas coincidían que no había una explicación racional sobre este caso; además fueron claros los testimonios de quienes supieron que la madre del muchacho había invocado a Juan Diego para que intercediera por la salud de su hijo. La Congregación para la Causa de los Santos confirmó que el proceso diocesano fue muy bien llevado; el caso disponía de una sólida base probatoria. El decreto de Validez de los actos del proceso es del 1 1 de noviembre de 1994. En la misma Congregación, el 26 de febrero de 1998, los médicos especialistas nombrados por la Santa Sede para analizar de manera meticulosa este caso, lo aprobaron por unanimidad (cinco sobre cinco), sorprendidos de que en el lapso de pocos días la fractura estuviera totalmente soldada y sin manifestar ningún signo de complicación y con una modalidad de curación rápida, completa y duradera, siendo que la caída que había sufrido el muchacho era de fatales consecuencias; era una inexplicable curación según el conocimiento de la ciencia médica. Por otro lado, la Congregación para la Causa de los Santos también recibió el resultado del proceso de parte de los teólogos que analizó con minuciosidad si este milagro se había realizado por intercesión del Beato Juan Diego. El 1 1 de mayo de 2001, en Congressus Peculiaris super Miro, los Consultores Teólogos, presididos por el Promotor de la Fe, aprobaron el milagro hecho por intercesión del Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin, con voto afirmativo por unanimidad. 1 6 Sin duda alguna, el humilde Juan Diego es una ejemplo de santidad y un fuerte intercesor de su pueblo. Pero todavía faltaban pasos por dar dentro de este proceso de Canonización. El 21 de septiembre de 2001 se realizó la «Sesión Ordinaria» integrado por Obispos y Cardenales quienes aprobaron todos los resultados. Y el 20 de diciembre del mismo año se Proclamó el Decreto del Milagro realizado bajo la intercesión del Beato Juan Diego ante la presencia del Papa Juan Pablo II Con ello se dispone a Juan Diego a ser canonizado. Pero todavía el proceso no concluía, ya que el Santo Padre tenía que consultar a todos los cardenales del mundo para que dieran libremente su opinión; disponiendo la celebración de un Consistorio para el día 26 de febrero de 2002 en donde el Papa Juan Pablo II, después de la consulta a los cardenales, proclamaría su resolución. Por fin, llegó el día tan esperado, el 26 de febrero del 2002, en donde, en una liturgia solemne el Santo Padre Juan Pablo II proclamó que canonizaría al Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin el 30 de julio de este mismo año. Por cuestiones prácticas, el día fue cambiado para el 31 de julio y se confirmo que el lugar en donde se celebraría la Solemne Ceremonia sería en la Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, y que el Papa en persona vendría a presidirla. Nuestro pueblo humilde y sencillo siempre a guardado en la memoria de la tradición y en el recinto de su corazón un profundo respeto y veneración por este gran hombre, elegido por Nuestra Señora de Guadalupe para ser su mensajero, y nunca ha dudado de su santidad. Después de tantos siglos de intenso, honesto y profundo trabajo, especialmente en estos últimos años; y, además, de la sincera oración, sacrificios y ofrendas de miles de personas que con la sencillez del corazón han elevado sus peticiones a Dios Nuestro Señor y a María Santísima de Guadalupe, para que nos regalaran el don maravilloso de tener a Juan Diego en los altares, canonizado y reconocido como uno de los personajes claves en la historia de la evangelización de América. Juan Diego que ha sido el portador de un mensaje que trasciende fronteras y tiempos, el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe para que, con la aprobación de la Iglesia, se le construyera un templo, donde Ella reconstruiría la vida del ser humano, aquel que con sincero corazón se acercara y se confiara a Ella, ahí escucharía todas las tristezas, dolores, sufrimientos y penas, y lo conduciría por el camino seguro del amor para llevarlo ante "«el verdadero Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra»;" 1 7 poniéndolo de manifiesto con todo su amor. María Santísima de Guadalupe es la que le aseguró a su humilde mensajero: "«ten ' por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré, que por ello te enriqueceré, te glorificaré»". Esto confirma, una vez más, que nuestros indígenas, nuestros antepasados, nuestros abuelos, no nos engañaron, no nos mintieron; el Acontecimiento Guadalupano marcó nuestra historia. Es una verdad total el hecho de que Dios intervine en nuestra vida, en nuestro pueblo, en nuestro corazón; y lo hace por medio de lo más apreciado para El, su propia Madre, María Santísima de Guadalupe, quien escogió a Juan Diego, un indio humilde y sencillo para ser su fiel mensajero y damos esta palabra, este aliento lleno de verdad. Santa María de Guadalupe es nuestra Madre, una Madre amorosa que nos ayuda y nos guía hacia su Hijo Jesucristo, el Amor Total. Esto nos lleva al compromiso de ser los primeros en dar un testimonio, por medio de nuestras vidas, nuestras palabras y acciones, de ser verdaderos hijos de Dios y de María Santísima. Que el modelo de Santidad de Juan Diego penetre nuestro corazón y nos mueva a acercamos más al verdadero Dios por quien se vive. Que Juan Diego nos ayude a abrazar con mayor profundidad nuestra fe católica, uniéndonos a todos como verdaderos hermanos. |