
Los
misterios encerrados en el ayate y la imagen misma de la Reina de México
paracen no agotarse. Y es que, según otras investigaciones, en
sus ojos se advierte el efecto Purkinje-Samson: reflejo de figuras,
tal y como se mostraría en un ojo humano.
El interes por estudiarla
surgio en 1929, cuando Alfonso Marcué, fotógrafo de la
Basílica, descubrió en el ojo derecho de la imagen "una
clara imagen de un hombre con barba". Sin embargo aun sustentando
con gráficas sus afirmaciones, las autoridades del santuario
le ordenaron guardar silencio.
En 1958, el asunto
recobró auge cuando el oculista Rafael Torrija Lavoignet confirmó
públicamente el hallazago, luego de examinar el lienzo apoyado
con un poderoso lente.
Antes, a partir
de 1948 se tomarón varias iniciativas, entre las cuales destaca
la de Carlos Salinas Chávez quien, el 29 de mayo de 1951, además
de refrendar esta aseveración, también detectó
algo similar en el izquierdo.
A éstas, se sumaron las practicadas por el doctor Torroela Bueno
(1956) y Charles Wahlig (1962). Este último anunció el
descubrimiento de dos imágenes aparentemente reflejadas en los
ojos de la Virgen al examinar una fotografia ampliada 25 veces.
En 1974, 23 años
después de su descubrimiento y tras declinar invitación
para abundar en su análisis, Sálinas Chávez retomó
la encomienda con la condición de realizarla de manera directa
sobre el ayate.
" Además
de lo ya descrito, observé que el iris brillaba más que
el resto, no así la pupila, lo que da una sensación de
profundidad. Semanas después efectué tres exámenes
que me permitieron ver reflejado, en la córnea y en el cristalino
de los ojos de la imagen, el busto de un hombre barbado."
Fotografías
impresas por expertos han logrado reproducir estos mismos reflejos en
los ojos de una misma persona -que, para el caso, representaría
a la Virgen-, colocada a 35 centímetros de otra que ocuparía
el lugar de Juan Diego.
En los últimos
20 años se han realizado otras investigaciones que , con ayuda
de computadoras, denotan las figuras de personas que estaban presentes
en el momento de la estampación de la Sagrada Imagen.
En
1979 el doctor José Aste Tonsmann anunció el descubrimiento
de al menos cuatro figuras humanas: un indio que despliega su ruana
ante un religioso, un franciscano en cuyo rostro se desliza una lágrima,
un hombre con la mano sobre la barba en señal de admiración,
otro indio en actitud de rezar, así como algunos niños
y varios franciscanos más.
Casí imposible
que en un espacio tan pequeño -sobre una tela tan burda-, se
hayan pintado esas imágenes y que para advertirlas se deban ampliar
dos mil veces.
Una miniatura tal
sólo podría ser obra de un artista verdaderamente excepcional,
que habría de ejecutarla sobre una superficie tan lisa y dura
como la del marfil.
Por otra parte,
en trabajos realizados por oftalmólogos destacados, también
se ha identificado microcirculación arterial en el borde libre
de los párpados de la Virgen Morena.
A la fecha, la ciencia
no ha encontrado explicaciones convincentes que permitan entender la
naturaleza de la imagen. Los veredictos se limitan a catalogarla de
ser una realidad irrepetible clasificada dentro de lo que es considerado
un hecho sobrenatural.
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