
El domingo 10 de
diciembre, después de escuchar la misa en el convento de Santiago
Tlatelolco, Juan Diego se presentó por segunda vez ante el obispo
Zumarraga, quien le aconsejó que solicitara a la Señora
alguna prueba de su divinidad. Cuando Juan Diego se fue, el obispo ordenó
a sus sirvientes que siguieran al indio para obtener mayor información;
sin embargo, al llegar al Tepeyac, los sirvientes lo perdieron de vista.
Juanito desembarazado
ya de sus seguidores, subió a la cumbre del Tepeyac, donde por
tercera vez lo esperaba María Santísima, quien al oir
el recado del señor obispo accedió a entregar la prueba
solicitada, para lo cual citó a Juan Diego al día siguiente.
A pesar de lo planeado,
el lunes 11 de diciembre transcurrió sin que Juan Diego pudiera
asistir a la cita con tan preciosa Señora, porque la víspera,
al llegar a su pueblo, encontró gravemente enfermo a su tío
Juan Bernardino y tuvo necesidad de asistirlo.