
En la madrugada
del martes 12 de diciembre, desconsolado ante la gravedad de su tio
enfermo y por petición del mismo Juan Bernardino, Juan Diego
sale decidido a buscar a un sacerdote para que ayude a bien morir cristianamente
a su tio.
Al pasar por el
Tepeyac, Juan Diego, intenta rehuir el encuentro con Nuestra Señora
y toma un camino diferente al acostumbrado; ya estaba por librar el
lindero del cerro cuando sorpreseivamente le salió al encuentro
Maria Santísima, quien con su habitual dulzura le dijo: "
Auh noxocoyouh, ¿campa in tiyauh?, ¿campa in titztiuh?"
"Hijo mío, el más pequeño, ¿a dónde
vas, a dónde te encaminas ?
Juan Diego, avergonzado,
explicó su preocupación, ante lo cual la Señora
le respondió:
"¿Cuix amo nican nica nimonantzin?" " ¿Acaso
no estoy yo que soy tu madrecita?"
"Macamo oc itla mitztequipacho." "Que ya no te aflija
cosa alguna".
Y, reconfortándolo, le aseguró que su tío ya estaba
curado y le pidió que subiera a la cumbre del Tepeyac a recoger
unas rosas que debería llevar al obispo en respuesta a la señal
solicitada.
Juan Diego, obediente, subió por las flores, las envolvió
en su tilma y se las llevó a la Virgen, quién las tomó
en sus manos y las acomodó.