
Ese martes 12 de diciembre Juan Diego se presentó una vez más
ante Zumarraga para entregarle las flores del Tepeyac; y fue entonces,
al desplegar la tilma, cuando apareció la imagen de la Virgen,
estampada en forma milagrosa sobre lo blanco de la humilde tela.
Admirado por el
prodigio de la Santa Imagen y de las rosas frescas, el señor
obispo se arrodilló ante ella.
Atestiguan el momento algunos otros personajes cercanos al obispo Zumárraga.
Se levantaron
para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos su corazón,
su pensamiento. 18- Y el señor Obispo, con lágrimas de
compunción le rogó y suplicó le perdonara por no
haber ejecutado de inmediato su santa voluntad, su venerable aliento,
su amada palabra. - Y poniéndose de pie, desató del cuello
la vestidura, el manto de Juan Diego, en donde se dignó aparecer,
en donde está estampada la Señora del Cielo, y en seguida,
con gran respeto, la llevó y la dejó instalada en su oratorio.